Lawton, La Habana, 29 de octubre de 2009, (PD) El gobernante Partido Comunista ha sido el factor de discriminación colectiva más relevante en la historia de Cuba. Las prácticas discriminatorias contra los cubanos no comunistas, llevadas adelante desde 1959, podrían llenar gruesos infolios. Pero tradicionalmente, esta discriminación se desdibuja en otras variables más promocionadas,  como lo son la racial y las discriminaciones por opciones sexuales, diferentes.

 

Por obra y gracia del gobernante Partido Comunista y a lo largo de cincuenta largos años, quien no sea comunista o no finja serlo, no podrá entre otras cosas cursar estudios universitarios. Tampoco podrá ser elegible para cargos públicos. No podrá aspirar a ser oficial de policía, fiscal, juez, piloto de aviación o piloto náutico, diplomático, periodista, presentador en la radio y la televisión o cantante de moda entre otras cosas.

 

La promoción oficial afirma que el Partido Comunista de Cuba es “la fuerza directriz de la economía, la política, la sociedad y la vida espiritual y material de la nación”. Pero lo cierto es que no existe episodio de corrupción mayor o menor entre los ya destapados en la Isla, que no haya contado entre sus implicados o presuntos implicados a miembros activos de este partido.

 

Los comunistas fuera del poder, son ejemplo de austeridad y vocación para el sacrificio. Inmediatamente que se empoderan, se convierten en paradigmas de deshonestidad y pasan a ser los más incorregiblemente corruptos que alguien pueda concebir. Desde 1959, los miembros de este partido han incurrido con mayores y menores grados de impunidad en casi todas las figuras de delito conocidas. Desde el asesinato hasta el cohecho, con pases a la malversación, abusos de poder de mayor o menor gradación, estafas y coerciones de todo tipo.

 

Un libro publicado en Cuba bajo la autoría del comandante o ex comandante Guillermo Jiménez, apodado ‘Jimenito’, nos habla de las grandes fortunas cubanas antes de 1959. El libro que fue galardonado con el premio de la Crítica 2007 se titula ‘Los propietarios de Cuba 1958’.

 

Jiménez con su trabajo nos puso en contacto con una clase empresarial próspera e iletrada. Personas nacidas sobre esta tierra, capaces de crear toda la riqueza del mundo, pero incapaces de defenderla como cubanos. Había poquísimos extranjeros entre ellos. Sólo fueron cubanos incapaces de defender lo suyo y a Cuba, con pasión, valor e inteligencia. Jiménez dijo con exactitud en su libro, dónde estuvo la residencia de cada uno de estos empresarios. Pues bien, cada una de estas residencias familiares está ocupada por un miembro en activo o en algunos casos en reposo, del Partido Comunista.

 

En unos casos la residencia es usada como sede diplomática, en otros como sede de alguna institución vinculada al gobierno o algún negocio corporativo extranjero. Las residencias cambiaron de dueño como el país. El Partido Comunista se las apropió y las repartió a modo de botín entre sus miembros más relevantes.

 

Esta fue la primera fase de una piñata que hoy tiene nuevas proyecciones. Se conoce a partir de investigaciones de analistas y detectives financieros a escala mundial, de trabajos publicados en publicaciones que se ocupan de este tipo de perfil como Forbes, que el Partido Comunista de Cuba y sus miñones más relevantes, entraron al negocio de las cuentas secretas y los negocios encubiertos en el extranjero.

 

Según estos autores, la familia Castro marcha a la cabeza en la tenencia de activos, fondos y lucrativos negocios de origen dudoso con bancos en el extranjero. Junto a ellos, militares, artistas, deportistas y otras personalidades distinguidas por su lealtad al gobernante Partido Comunista y a la familia Castro, también participan de la piñata.

 

Entonces queda en el aire una pregunta que se emparenta con la clásica, sobre quien llegó primero si la gallina o el huevo. ¿Se trata de que la discriminación promovida por el Partido Comunista promovió la piñata o que la piñata, promovió la discriminación del Partido Comunista?

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