Centro Habana, La Habana, 8 de julio de 2010, (PD) A pesar de haber decenas de organizaciones y millares de opositores dentro de Cuba, resulta asombroso que la mayoría no sabemos concretamente qué queremos. Deseamos la libertad de nuestra patria, pero pocos hacen algo realmente serio por conseguirla.

Es evidente que el régimen es el único ganador de la actual guerra en el ciberespacio entre opositores dentro y fuera de Cuba. No paramos de pelear entre nosotros. A veces mostramos tanto odio unos contra otros como el que siente el régimen en contra nuestra. Y mientras tanto, la dictadura encarcela y hostiga sin hacer distinciones a todo el que intenta oponérsele. Por eso se mantiene en el poder.

En la lucha por la libertad, los opositores desaprovechamos oportunidades, nos adormecemos en la espera de que pase “algo”. Pero somos feroces gladiadores si algún hermano dice algo con lo que no estamos de acuerdo.

Luchamos por un país libre en el que todos puedan decir lo que quieran, pero desafortunadamente cuando eso sucede y alguien opina o actúa diferente, no lo aceptamos.

¿Por qué no tenemos una actitud tan dura e intransigente con los que nos gobiernan, los que tanto daño han hecho a la patria?

Los opositores al régimen ciertamente hacemos muy poco por librarnos de su yugo. Lo digo aunque me caiga encima una lluvia de ofensas e improperios. Perdonen si me equivoco. Los opositores no vamos a conseguir el fin de la dictadura. El cambio que deseamos vendrá por alguien que esté en la elite o en sus alrededores. Los hechos me darán la razón.

Pero ojalá esté equivocado. Cuando alguien realmente desea una cosa, el universo entero conspira para que se realice. Tal vez estemos a tiempo. Seamos capaces de dialogar y echar a un lado nuestras diferencias e intereses. Enfrentemos a los verdaderos culpables. Pero primero que todo, preguntémonos, ¿realmente queremos la libertad de Cuba?

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