Centro Habana, 15 de julio del 2010, (PD)

Siudad de La avana, 12 de julio del 2010, “Año de la marxificasión curtural”:

Mí muy querida, desértica y polvorienta Al Que Burra: Parte el alma y desfigura el rostro el recuerdo del último beso que nos dimos en el desierto arábigo.

Espero que no te fermentes por demorarme en escribirte, pero desde que tuve que ir yumbo porque tu padre se puso fulo cuando descubrió que escondía entre las dunas una botella de Palmolive, estoy abicú, dulce pastilla.

Conservo un recuerdo escapao de tu blundín sobre la arena, cuando tu percha y mi lima servían de lecho a nuestros escarceos amorosos, al voltajeao encuentro de una noche sin fin.

Aunque no tengo estilla para enviarte, cuento con un acoy barín que prometió hacerte llegar el techo de swing que le rompí a tu brother.

Eres tremendo melón, Al Que Burra, y espero también mandarte el tocaísimo cuatro puertas de mezclilla que llenamos de mierda de ratas del desierto para exorcizar los malos espíritus, y que aún huele, como nuestra separación.

Tírame el tiempo en que podré volver a verte, y te aseguro que tocaremos sinsimiyya deslizándonos en yaguas –Made in Cuba- por las dunas hasta caer prendidos de amor bajo un camello.

Te ama, Conan “El bárbaro”

Ante un léxico tan refinado y en consonancia con los preceptos del idioma español más auténticos, ¿cómo es posible que un miembro de la Academia Cubana de la Lengua, considere que en los últimos años comienza a percibirse con mayor nitidez un proceso de vulgarización en el habla de algunos jóvenes?

¿Acaso no ha leído este texto, sólo comparable con El Cantar de los Cantares, las Cartas de amor de la Avellaneda y otros buenos ejemplos de la buena expresión, el fraseo dúctil, y la cubanidad blandida como una mandarria en las conservadoras paredes de vocablos añejos?

¿En qué se fundamenta para decir que existe “una desviación del proceso de democratización de la lengua”?

Hay que oír, palpar la frescura, la rítmica sapiencia de la expresión “parte el alma y desfigura el rostro”, para comprender cuanta poesía encierra el alcance de frases que develan la rotura del sentimiento, el rictus de dolor ante el recuerdo de la amada-nómada.

Asimismo, nada es más comprensible que las palabras “fermentes” para definir la ira. “Yumbo” como sinónimo de alejamiento. “Fulo” por pesado. “Palmolive” en lugar de chispa de tren o ron casero. “Abicú” cual solo, y “pastilla” para señalar mi pareja, mi pasta, mi jeva, dignas de la imaginería metafórica de un Lorca, un Baudelaire o un Lezama Lima.

Esto es español del bueno, cubaneo novedoso que sentará las pautas de un neolenguaje revolucionario en una época no muy lejana.

Aquí se encuentra la clave, la entrañable transparencia de un léxico alejado del refinamiento burgués, de la obsoleta lengua castiza, y del empleado por los apostadores de la bolita, los intelectuales del dominó y los vendedores furtivos de equipos electrodomésticos en las calles de La Habana.

Basta con descifrar cuanta ternura se encuentra en palabras como “escapao” para conceptuar lo bello; “blundín” en sustitución de cabellera suelta; “percha y lima” en el logrado afán de poetizar la blusa y la camisa de los amantes, así como el “voltajeao” que resume lo bueno del momento pasado por la pareja, para caer en coma ante tanta belleza léxica.

Resulta sublime sustituir dinero por “estilla”, amigo bueno por “acoy barín”, moda por “swin”, robé por “rompí”, gorra por “techo” y hermano por “brother”, como una muestra de que somos vanguardistas del léxico, innovadores de la jerga oculta y popular y, sobre todo, que nos abrimos a la democracia aunque sea en el lenguaje figurado, al emplear vocablos utilizados por el enemigo en su colonización cultural.

En cuanto al término “melón”, ¿puede existir palabra más certera para definir lo apetecible, lo húmedo y rosáceo en una mezcla que significa plenitud de lo hermoso y deseable?

¿Existen dudas de que “tocaísimo cuatro puertas” es una invención digna de ser recogida en la que brilla, pule y da esplendor para nombrar la calidad de un pantalón con dos pares de bolsillos? Seguro que no.

Y el súmmum de lo poético, el descurejingue de la semántica se llenan de rubor y ternura ante la conmovedora expresión “tírame el tiempo”, para pedir la hora.

La belleza, practicidad y ocultamiento lírico del lenguaje empleado por los jóvenes cubanos marxificados culturalmente en su dialogar, son un ejemplo de la preocupación por el desarrollo de la expresión en un país que hace de la cultura su primer renglón de propaganda exportable.

Ya es hora de ser más tolerantes, menos remisos a generalizar un lenguaje poético que se abre paso a través de las heridas de un idioma condenado a desaparecer si no aplicamos una transfusión de palabras nuevas, contundentes, cubanas, al alcance de todos.

Construida con restos de fonemas del bembeteo alegre de los lupanares de Bruselas. Los gongorinos ríspidos de los habitantes de las casbas argelinas. El tintineo ruinoso de los aullidos chinos. El agrio ladrillazo silábico de los alemanes, el sibilante sonido de los ingleses, el romaní de los gitanos y el saco de palabras arrastradas por el suelo por los franceses, entre otros idiomas
o dialectos; la neo lengua cubana nace de los solares habaneros, se viste de largo en los edificios colectivos, cualquier calle, y llega a la adultez en la enseñanza media y la superior, aunque a veces adulterada con frasecitas cultas.

Ese refrán árabe de que “las heridas que abre la lengua nunca sanan”, en Cuba lo combatimos con un Acto de Repudio Democrático Educacional (ARDE), responsable de aplicar el destierro, como si fueran prisioneros políticos, a todo lenguaje que se aparte de lo revolucionario-popular.

Espero que los acoy barines califiquen mi muela de escapá, y que no dejen abicú un lenguaje tocaísimo que lo mismo sirve para tumbar melones con blundines voltajeaos que para quemar a tipos fulos, y cuando llegue el tírame el tiempo estén en swin, llenos de Palmolive hasta el techo y abrazados a sus pastillas.

Eso se los pido yo, Nefasto “El catedrático”