Managua, La Habana, 29 de julio de 2010 (PD) Mientras el gobierno cubano celebra el 57 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, hechos con los que asegura “se dio inicio a la lucha armada por la liberación nacional”, muchos dentro de la isla se cuestionan la falta de libertad y las penurias con que viven.

Las opiniones sobre que deben existir cambios que alivien la situación social y económica, ya no son actos conspirativos entre la población como en años anteriores; ahora fluyen por doquier.

La excarcelación de los presos de la Primavera Negra, a lo que siguió la aparición del ex gobernante Fidel Castro después de casi cuatro años sin ser visto en público, han suscitado nuevas expectativas y comentarios.

Uno de estos, quizás elaborados en parte por la desesperación popular, afirma que en estos días, tras la terminación de la reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el gobierno anunciará algunas medidas positivas de carácter económico. Algunos están esperanzados, otros escépticos.

Odelina Guerrero, de 47 años, abogada y residente el Alquizar opina que los cambios políticos en Cuba están muy cerca: “Algo tiene que pasar, ya este pueblo no puede más. La gente protesta en cualquier sitio. Ahora en el camión que yo venía, un grupo de jóvenes de entre 15 y 19 años, manifestaban, en medio de un calor sofocante, su inconformidad cantando ‘Que se acabe la libreta, queremos tener Internet, queremos libertad para viajar, queremos que le pongan aire acondicionado al camión.” Mientras uno cantaba, los otros coreaban.”
Aquel camión venía repleto y las demás personas todo lo que hicieron fue apoyar con su riza a los jóvenes.”

Con respecto a la excarcelación y salida al exterior de algunos de los 52 reclusos de la Primavera Negra, la abogada cuestiona: “¿Son indultados, o amnistiados? No se sabe bajo que figura jurídica fueron liberados”.
Camión de transporte publico

Por su parte, Yara, de 48 años y residente en Provincia Habana, se lamenta de la mala situación en que vive con sus tres hijos, uno de ellos, una niña enferma. Ella piensa que algo debe ocurrir en Cuba que cambie sus vidas, aunque reconoce no estar actualizada de los últimos acontecimientos.

“Algo tiene que pasar en este país. Yo no tengo tiempo ni ánimo de informarme. Pero lo que sí sé es que ya estoy cansada de dirigirme a las organizaciones que se supone deben ayudar a los casos sociales como el mío. Todo se enreda con la burocracia y ya llevo muchos años de espera. La última vez que fui al Poder Popular provincial me respondieron lo mismo; que había casos que no tenían solución. Entonces me alteré y les dije que ya sabía cual era mi solución: montarme en una lancha con mis tres hijos. Si me comían lo tiburones, resolvía el problema y si llegaba a cualquier lugar, también.”

Ana, de 45 años, ingeniera, no ejerce su profesión. Vende yogurt por la izquierda. En la práctica gana mucho más que si trabajara para el Estado. Vaticina que las cosas no pueden seguir como están: “Me alegro mucho que suelten a los presos, porque pienso que si la cosa está mala en la calle, ¿cómo será dentro de las cárceles? La situación en este país no está fácil. Si no cambia, ¿qué futuro nos espera, y le espera a mi hijo que tiene 20 años? Él estudia computación, ojala cuando se gradúe tenga un empleo del que pueda vivir.”

Otros jóvenes, como Guillermo Pérez, de 30 años, con respecto a la excarcelación de los presos, comentó: “Es bueno que los suelten, aunque parece que los han deportado. Ellos son cubanos, no españoles, no tienen por qué irse de Cuba.”

Un amigo que lo acompañaba, quien pidió no revelar su identidad, manifestó: “Yo soy guajiro, no sé mucho de política, pero creo que cuando los sueltan es porque ahí hay alguna triquiñuela.”

Varias son las expectativas e interrogantes de diferentes generaciones de cubanos que observan con preocupación que la vida pasa y la historia de prohibiciones y dificultades se repite.
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