
Marianao, La Habana, 9 de setiembre de 2010, (PD) Cierto número de cubanos, todos carentes de poder, persisten en alimentar las escasas páginas del diario Granma con sus especulaciones tendientes a “reformar el sistema socialista” que padecemos como una enfermedad crónica.
La estricta minoría con poder efectivo coincide con la mayoría desesperanzada en la certeza de que el sistema es absolutamente invariable. Los primeros, porque lo sienten como inmejorable para sus intereses; los segundos, porque saben que ya no puede ser peor.
Veamos un ejemplo reiterado: cuando el sector agrícola aprieta el paso, o más bien afloja el bolsillo, los agricultores sobre cumplen los rendimientos productivos, entonces ese logro termina echándose a perder masivamente en los parqueos de Acopio, sea el colorado tomate o el plátano verde, por la insuficiencia de vehículos de transporte y por la sobreabundancia de prohibiciones impuestas por el monopolio estatal centralizado, con la secreta intención de impedir que la prosperidad particular arruine a la miseria estatal.