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LA CAÍDA DEL MURO Y EL FIN DE LAS UTOPÍAS

Capdevila, La Habana, 16 de diciembre de 2010, (PD) El 9 de noviembre se cumplieron 21 años de la caída del Muro de Berlín, acontecimientos que puso fin a una época de terror, oprobio y vergüenza, impuesta criminalmente por los regimenes comunistas de la Europa del Este, que fueron literalmente barridos por sus respectivos pueblos. Como resultado surgieron los nuevos gobiernos democráticos, defensores de la libertad y el derecho, que durantes años fueron conculcados a los ciudadanos de esos países.

Dos años después, se desintegraba la Unión Soviética, el imperio del mal, como tan bien lo calificara el presidente Ronald Reagan.

A la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, el filósofo japonés Francis Fukuyama lo calificó como el fin de la historia, al retomar las ideas expresadas por el filósofo alemán Friedrich W Ludwig Hegel, tras la victoria de Napoleón I en la batalla de Jena, el 14 de octubre de 1807, contra las tropas de las cuarta coalición prusiana.

La caída del Muro de Berlín y la subsiguiente liquidación del socialismo real, acompañado con la desintegración del totalitarismo soviético, puso fin a todo un largo periodo donde prevalecieron estos regímenes despóticos, caracterizados por la centralización, el igualitarismo más extremo y el monopartidismo como forma de ejercer el poder arbitrariamente.

El fin de la utopía comunista se creyó era el surgimiento el de un nuevo orden mundial, frase que acuñó en su oportunidad el presidente George Bush (padre), sucesor de Reagan. Pero tal como están las cosas, esta nueva utopía no se ha materializado porque un número significativo de gobiernos y líderes políticos no comparten los valores de este nuevo orden surgido después de la caída del Muro de Berlín.

La utopía comunista que fue sepultada por los escombros del derribado Muro de Berlín, se caracterizó por su igualitarismo totalizador que ignoró los ámbitos intelectuales y políticos. Se centró en el control antidemocrático desde el poder de toda la sociedad, lo que condujo a la imposición de su antivalores a los ciudadanos de sus respectivos países, completamente distintos a los que reinaban en las sociedades democráticas. El ejemplo más atroz de esa utopía entronizada por el desaparecido socialismo real fue la totalitaria Unión Soviética.

La afirmación de Francis Fukuyama de que la historia finalizó con el derribo del Muro de Berlín resultó totalmente falsa. Los acontecimientos que condujeron a la desaparición del comunismo y el triunfo del liberalismo, simplemente confirmaron el cierre de un capítulo de la historia y el comienzo de otro. Contrario a lo que muchos esperaban, no triunfó lo que preconizaban por la implantación de una economía social de mercado que se orientara al bien común. El triunfador fue el capitalismo más radical, en el que predominó una visión totalizadora del mercado, en que este monopoliza las relaciones humanas en todos sus sentidos, lo cual ha llevado al mundo a un callejón sin salida.

En la práctica, esta nueva utopía que triunfó el 9 de noviembre de 1989, tras la desaparición del comunismo, también ha fracasado. El resultado de este fracaso es la grave crisis económica mundial en que esta atrapado el sistema capitalista, caracterizado por la desregularización financiera, las incontroladas privatizaciones, el estancamiento del comercio mundial y el explosivo problema del imparable desempleo. Nadie puede negar, luego de transcurridos 21 años, que este primer intento también ha sido una disolución. Esto patentiza que ni el comunismo ni el capitalismo son perfectos.

Los jóvenes ya no recuerdan las multitudinarias manifestaciones de regocijo y victoria que recorrieron al mundo por el fin de la opresión que caracterizó al socialismo real y el totalitarismo soviético.

Para los defensores más entusiastas y furibundos del capitalismo, lo único válido en el plano existencial es el “homo económicos”, al cual la propia crisis del sistema se ha ocupado de liquidar definitivamente.

A los luchadores prodemocracia en Cuba, sustentados en valores éticos, que no son monopolizados ni patrimonializados por ninguna opción política, el fin de estas dos utopías les ha permitido desenmascarar que el falso socialismo que enarbolan los gobernantes cubanos, se contrapone a la democracia y la libertad, ya que propugna una falsa igualdad y una solidaridad mediatizada.

La actual sociedad cubana esta atrapada en un error de principio. El sistema, por sus infinitas ineficiencias y su estancamiento generalizado, ya no es creíble para la mayoría de la población. El régimen sobrevive gracias al miedo que le impone de manera despiadada y perversa al pueblo cubano. Ese es el principal problema que enfrenta la comunidad opositora.

La plutocracia militar partidista, enemiga de la democracia y las libertades, ha logrado que la utopía centralizadora, igualitaria y voluntarista, que defiende ciegamente la fracción más inmovilista y retrógrada del gobierno, haya podido iniciar su desmonte gradual y definitivo. Esto le permitió convocar el VI Congreso del Partido Comunista, el cual buscará legitimar política y constitucionalmente su poder.
ramsetgandhi@yahoo.com