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LA TONTA MUERTE DE UN CUBANO

Habana Vieja, La Habana, 14 de octubre de 2010, (PD) El sábado 2 de octubre de 2010 un balcón cayó sobre la cabeza de un transeúnte a la una en punto de la tarde, en la esquina de las calles de Obispo y Compostela, Habana Vieja. El transeúnte, un hombre de la raza blanca, de unos treinta y tantos años de edad, caminaba por Obispo hacia el este, hacia el Parque de los Capitanes. Los testigos presenciales, y ocasionales del hecho, cuentan que recogieron el cuerpo del hombre caído y se lo llevaron en un coche particular. De su cabeza, una masa color blanca podía observarse como un vómito. Algunos testigos piensan que el hombre murió en el acto. Otros esgrimen la idea de que tal vez haya llegado con vida al hospital.

Las fotos tomadas del incidente por este reportero se deben a que me encontraba a menos de 100 metros de la escena, haciendo cola para cargar mi móvil, pero como se demoraba tanto el proceso, desistí de la idea y fue que al subir por Obispo vi la sangre en el asfalto.

Los lectores se preguntarán cómo no pude escuchar nada, pero es que a esa hora en la calle del Obispo, el ruido de las personas es tan intenso que uno no sabe lo que ocurre a menos de 20 metros.

También el lector se preguntará por qué este reportero no averiguó hacia qué hospital lo trasladaron para saber si sobrevivió a la desgracia, pero recuerden que las comunicaciones telefónicas en Cuba son imposibles y donde quiera que hubiera estado el pobre hombre me habrían preguntado quién yo era, o cuál relación tenía con el lesionado para estar haciendo tantas preguntas. Recuerde el lector que nosotros, los periodistas independientes, no estamos amparados por la Ley y no tenemos ningún derecho, ni como periodistas, ni como simples ciudadanos cubanos, a recabar información sobre cualquiera que fuera el asunto.

De modo que lo único deseable en estos momentos es que ese ser humano haya sobrevivido, se recupere, y pueda continuar su destino con calidad de vida.

Pero dejemos de soñar. Lo más posible es que ese pobre hombre ya esté muerto, y si sobrevivió, o sobrevive el tiempo que sea, ya no volverá a ser, físicamente, el mismo de antes.

Entonces aquí entramos en varios asuntos que tienen un carácter político. El primer asunto es la prueba de que las ciudades de Cuba, principalmente la capital, se caen a pedazos y no hay una voluntad estatal por darle mantenimiento a los edificios. La segunda cuestión es comprender que esos edificios no tienen un dueño, alguien que responda por daños y perjuicios, porque todos los edificios en Cuba son propiedad del gobierno aunque usted sea arrendatario o disponga de un papelito que diga que usted es propietario. Por tanto, la familia del accidentado no tiene a quién reclamarle el derecho universal de la compensación.

Si había más personas que dependían del accidentado, ahora estas quedarán desprotegidas económicamente, y según la ley judicial del gobierno de Cuba, usted no puede acusar al Estado, al gobierno. Usted puede acusar a un dirigente, pero no puede acusar al Estado.

Así que ese balcón caído casualmente sobre la cabeza de un transeúnte, todos los balcones que han caído y los que están por caer, no son responsabilidad de nadie. Así que uno camina, caminará por las calles de la capital sin saber en qué momento un balcón caerá sobre nuestras cabezas; y después que cae, nos jodemos, porque no hay a quien reclamarle ni a quien inculpar legalmente.
ramon597@correodecuba.cu
Fotos: Ramón Díaz-Marzo